Mitos, sueños, fantasías y realidades sobre el matrimonio

El paradigma de las relaciones ha ido cambiando con el pasar de los años, pero hay verdades que permanecen inmutables. ¿Consideras que van a vivir felices para siempre? Entonces, continúa leyendo:

Después de todo estábamos equivocados. Los opuestos no se atraen. Un estudio, realizado por la University of Iowa, en Estados Unidos, reveló que las personas que eligen socios similares a sí mismos, tienen más posibilidades de vivir un matrimonio duradero. Según los datos obtenidos, la mayoría de las parejas felices eran aquellas que tenían más puntos en común con su pareja. Pero, si es verdad que compartir gustos ayuda a superar los desafíos de una relación, estos no son los únicos factores involucrados.

A continuación, te presentamos algunos puntos importantes a tener en cuenta, donde se engloban mitos, sueños, fantasías y realidades sobre el matrimonio:

Las edades del amor

Cada pareja tiene un ritmo propio, único. Por eso, no hay reglas que sirvan para todos los casos. A pesar de todo, hay algunos momentos que se pueden considerar más críticos, que es preciso superar para disfrutar de una relación duradera. Más que fases cronológicas, el matrimonio se divide en ciclos.

Y aunque no todos sean iguales, es frecuente que ocurran los siguientes periodos: enamoramiento, el hábito, saturación y reconciliación; esto, a lo largo de un matrimonio y en más de una ocasión. Así mismo, el hecho de que sean positivos o negativos depende de la forma como cada pareja entiende su papel en la relación, y encara la vida.

Noviazgo

Las películas y novelas se basan todas en lo mismo: la pasión; aquel latido del corazón, la pérdida del apetito y los pensamientos dominados por la persona amada. Es un sentimiento bueno e intenso pero, por desgracia, no dura para siempre; ya que se trata de la primera fase.

Después, al contrario de lo que se piensa, no es porque no se sienta esa química que la pareja se ama menos. Con el pasar de los años, el amor no disminuye, se solidifica. Hay un cambio de pasión a amor verdadero. Durante el noviazgo, se realiza la idealización de la pareja. Las cualidades saltan a la vista y hasta los defectos tienen su chiste. Las expectativas son buenas y se hacen más fuertes con la aproximación del gran día, alcanzando el punto máximo durante el compromiso, con los preparativos para la fiesta.

Estrategias para un matrimonio en pleno

El choque con la realidad es inevitable, pero puede ser atenuado. Basta con centrarse en el lado positivo. En vez de considerar lo que nos molesta en el otro, debemos buscar las razones que nos llevaron a amarlo. Y, por encima de todo, aceptarlo tal como es.

Carrera de obstáculos

A la par con la rutina, surgen otras dificultades, como la familia o el estrés. La aceptación y la integración en la familia es muy importante, pero debe ser equilibrada. Es esencial preservar tu espacio y toma de decisiones. Todo esto para evitar situaciones dignas de anécdotas, en la que un familiar interfiere en la vida de la pareja. Además, el estrés es una de las principales causas de conflicto. Por lo que debemos de canalizar las frustraciones, y no llevarlas a casa. Ya que esta es una de los principales motivos de conflicto entre las parejas.

Uno más uno es igual a… ¡tres!?

Los hijos pueden ser el motor del desafío más importante en la vida de una pareja. El amor y la confianza se mantiene pero la vida da una vuelta de 180º. Y todo comienza en el embarazo. A partir de ese momento hay una transformación de la intimidad de la pareja. La mujer se centra más en ella misma, se coloca en el centro de las atenciones de la familia, y es aquí que veces el hombre no sabe cuál es su papel en la historia. No obstante, después del nacimiento, esta sensación se acentúa.

La madre se dedica al niño y el padre siente la falta de tiempo en pareja, pero no suelen quejarse, bajo pena de ser considerados egoístas. La participación es la palabra clave. Hay que incluir al padre en los rituales de cuidado del hijo y, sobre todo, no olvidar que antes de los tres, eran sólo dos y esos dos siguen allí.

 

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